Mafalda sale del papel: el universo de Quino se puede caminar en el Centro Cultural Recoleta

Sesenta y dos años después de la primera tira, la “nena de tinta” pasó a ocupar 1.300 metros cuadrados de una experiencia inmersiva.

<p>Buenos Aires, 6 octubre (NA) -- La experiencia “Mafalda inmersiva” repone el universo creado por Quino en cada detalle; tal es así que no solo la niña sale del papel para volverse tangible, sino que, además, la minuciosidad llega a las paredes e incluye aromas, texturas y hasta un pequeño graffiti que ruega “Basta de censu…”. Bajo la dirección y producción de Damián Kirzner, la experiencia se estrenó el pasado 30 de septiembre, en coincidencia con el aniversario número 62 del lanzamiento de la primera historieta —29 de septiembre de 1964—. Además, el 30 de septiembre de 2020 murió Joaquín Salvador Lavado, Quino. La apertura se realizó con autoridades, la familia del autor y una platea de famosos; y dio lugar a la obra en la que se trabajó durante casi tres años con licencia exclusiva de los sucesores de Quino. El equipo se consolidó con una coproducción de Argentina, España e Inglaterra. La narrativa y la experiencia de usuario las armó Belén Santa-Olalla, con base en Madrid y trayectoria en proyectos de gran escala; la parte técnica e itinerante quedó en manos de Andy Gaudenzi y Crashband, el mismo grupo que produjo muestras del mundo Pixar. La familia acompañó desde el principio. Guillermo Lavado, el sobrino que inspiró a Guille, dijo que el resultado tiene profesionalismo y cariño, y que Quino estaría orgulloso: la apuesta, para ellos, es tender un puente con quienes no crecieron leyendo las tiras en el diario. El recorrido dura cerca de una hora y va en un solo sentido. Hay 13 salas fijas y una decimocuarta, opcional, de realidad virtual. No hay voces actuadas: los personajes siguen hablando por las burbujas originales. Kirzner cuenta que esa fue una de las dos preguntas que ordenaron todo el trabajo. La otra fue el color, con una paleta surgida a partir de una edición francesa de Glénat que Quino había aprobado, y que el productor encontró en una feria de libros usados en Burdeos. El circuito arranca en oscuro, con una voz que presenta al “Señor Joaquín” y a la nena que se animó a cuestionar la realidad; seguido por una maqueta del barrio de los años sesenta: plaza, escuela, farmacia y calles. Felipe juega con el yo-yó, Libertad lee el diario, Susanita abraza la almohada, Mafalda sueña. Hay una pintada a medio borrar, “Basta de censu…”, y el juego de encontrar a Burocracia, la tortuga, escondida en cada ambiente. El recorrido continúa por el ingreso a la casa, donde la cocina huele a sopa. El padre se muestra con la regadera, la madre con el escobillón, las hormigas siguen su guerra particular y en una pantalla vuelve la pregunta de siempre: si se puede decir que ese brebaje es espantoso o si la crítica constructiva molesta. En su cuarto, Mafalda tiene pijama y mira el cielo por la ventana. Su globo terráqueo, el ajedrez y un disco de los Beatles se encuentran en el lugar. Sobre la mesa de luz, su diario íntimo confiesa que “hoy hizo renegar mucho a su mamá”. Más adelante está la nave de cartón que armó con Felipe, y pelotas que hacen de casco para quien quiera, un rato, volver a ser chico. La plaza muestra a Felipe soñando con ser el Llanero Solitario y a Mafalda paseando a Burocracia al lado de un Citroën que pierde aceite. En la farmacia, el puesto de diarios titula una escasez mundial de sopa, la balanza no funciona y se vende Nervo-calme. El almacén de Manolito huele a conservas, fiambres y especias: deberes a medio hacer, latas, queso con moscas, caja registradora y una radio de época nos cuentan las noticias. La sala de Susanita es rosa, con espejos, pantallas interactivas, flores, peluches y olor a caramelo; ella empuja el cochecito y el cuarto entero parece su proyecto de vida. Hay tótems de viñetas animadas y una sala de proyecciones en 360 grados donde vuelven el palito de abollar ideologías, la ola “reaccionaria” y el juego de la chica sexy en la playa. El cierre es un museo de Quino: línea de tiempo, planchas de hierro para imprimir, la paleta de colores y los papeles secantes que evitaban las manchas de tinta. La última imagen es la mano del autor sobre el papel, con la idea de que el mundo se construye mirando lo grande y cambiando lo pequeño. La sala extra, “Soñando con Mafalda”, dura unos diez minutos y se hace en grupos de seis, con anteojos de realidad virtual. Ahí se entra en el sueño de Mafalda de ser traductora de la ONU, en el de Manolito de ser empresario y en el casamiento de Susanita, guiados por Sara, una adolescente fanática de la tira. La vigencia es el argumento que repiten productores y herederos. Santa Olalla tuvo que elegir entre casi dos mil tiras y dejó afuera material “con dolor”. Su lectura es que Mafalda es rabiosamente argentina y, al mismo tiempo, universal: en España mucha gente la leyó sin saber de dónde venía. Kirzner la pone al lado de Gardel, Messi, Maradona y Francisco como una de las mejores síntesis del ser nacional. Los temas que el sobrino de Quino sigue viendo intactos son los de siempre: abuso de poder, guerra, machismo, desigualdad, racismo y el resto de los “ismos”. Los libros superan los 20 millones de ejemplares y circulan en más de veinte idiomas. La inauguración llenó el Recoleta de gente de la cultura y la tele: Nacha Guevara, Iliana Calabró, Boy Olmi, Carola Reyna, Peto Menahem, Sebastián Wainraich, Marcelo Polino, Miguel Rep, Tute, Juan Sasturain, Milo Lockett, entre otros. Maximiliano Tomás, director del centro, celebró que el lugar se convirtiera, por estas semanas, en la casa de Mafalda. La muestra permanece en Buenos Aires durante octubre y, después, sale de gira por Europa y América Latina. Cuenta con el reconocimiento “Orillas Nuevas” del Institut Français d’Argentine y de la Embajada de Francia. El ingreso es por tandas, de unos 36 visitantes cada diez minutos. No se puede volver atrás, ni entrar con cochecito, comida, equipo de mate o mochila grande. Centro Cultural Recoleta, Junín 1930. Martes a viernes de 12 a 21; sábados, domingos y feriados de 11 a 21. Último ingreso a las 20. Agencia NA</p>








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